lunes, mayo 27

Estas son las caras de los inmigrantes que trabajan en España | Negocios

Son extranjeros. La nueva cara del pujante mercado laboral español que atrae a más inmigrantes de año en año. Aunque mayoritariamente movidos por unas condiciones en origen que dejan mucho que desear, ya sea desde el punto de vista político, económico o de la seguridad, como le ocurre al colombiano Jairo Zamora Daza, cada día hay más personas que se mudan a territorio nacional para hacer realidad sus sueños profesionales. Gabriela Lijó es una estadounidense que se ha trasladado a Madrid para montar una empresa desde cero; Olga Akulich es una bielorrusa contratada para dirigir un negocio en 15 países desde Barcelona y Suvethigaa Shanthirabalan es una informática francesa interesada en la carrera internacional. Ellos forman parte del estirón que dio el empleo foráneo el año pasado: de los 749.000 puestos de trabajo que se crearon en España tras la revisión estadística del INE, el 41,9% fueron ocupados por extranjeros (313.900).

La llegada de inmigrantes a España no ha dejado de aumentar desde 2020, intensificándose a partir de 2022, “gracias al tirón del mercado de trabajo y la buena marcha de la economía”, explica el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones por correo electrónico. El año pasado la población foránea creció un 10,54%, la cifra más elevada de los últimos diez años. Aunque representa solo el 12,7% de la población total española, acorde con el Informe del Mercado de Trabajo de los extranjeros 2024 del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), ha acaparado el 17,8% de la ocupación.

“Entre los grandes países europeos, España destaca por su atractivo para la inmigración, sobre todo para la migración laboral”, asegura Raymond Torres, director de Coyuntura de Funcas, que explica que el modelo productivo español se caracteriza por ser muy extensivo: su crecimiento se basa en la incorporación de más mano de obra al mercado. En 2022, últimos datos disponibles, llegaron a nuestro país 1.258.894 personas, casi un 42% más que el ejercicio precedente y el saldo migratorio final fue de 727.000. “Si entran extranjeros es porque ven mayor potencial de crecimiento aquí que en otros países”, prosigue Torres.

Si además de a los migrantes se tiene en cuenta a los residentes en España de larga duración nacidos en otros países, los extranjeros contribuyen con el 58,9% de los puestos de trabajo creados el año pasado, precisa Miguel Cardoso, economista jefe para España de BBVA Research. Estas personas con doble nacionalidad que han ocupado 127.500 empleos se están activando ante un mercado de trabajo en el que se ha incrementado notablemente la oferta y que dispensa mejores condiciones laborales y mayores salarios que antes, explica. También ante el aumento de la inflación que provoca que los hogares necesiten que más miembros ingresen un sueldo.

En los tres últimos años los extranjeros acaparan el 52,9% del empleo generado en España. Se trata de un abultado porcentaje que pone de manifiesto la importancia de los nacidos en el exterior en una economía envejecida como la española y en la que actualmente no se cubren todos los puestos que se necesitan. “Ellos permiten el aumento del empleo; si no estuvieran, el PIB crecería por debajo, como ocurre en los países de nuestro entorno”, añade Cardoso.

El aumento de la afiliación de los inmigrantes ha multiplicado por cuatro la nacional. Y, según Javier Blasco, director de The Adecco Group Institute, ofrece grandes ventajas al mercado de trabajo español, pues está rejuveneciendo la población ocupada, contribuyendo así a combatir su envejecimiento y, además, se trata de una población que tiene bien asentada la cultura del esfuerzo y la vocación de recualificarse, asevera, especialmente en el caso de los originarios de América Latina, como pueda ser el ejemplo del boliviano Alexander Espada en el sector de la construcción. “Van a seguir tirando de la creación de empleo y recapacitándose porque los extranjeros sí que han entendido que a mayor formación, mayor empleo y mayor salario”, destaca el directivo.

Según Blasco, ha habido un cambio en la estructura de las nacionalidades de origen de los extranjeros, en las ocupaciones, en su cualificación y en sus edades (el 42% en edad de trabajar, entre 25 y 44 años). Si bien, como dice María Miyar, doctora en Sociología por la UNED y economista de Funcas, las llegadas de extranjeros procedentes de América Latina siguen representando el grueso, el 53% del total; actualmente los ciudadanos que vienen de Colombia, Perú y Venezuela han disparado sus afiliaciones durante 2023, con crecimientos de casi el 38%, el 31% y el 19%, respectivamente, seguidos por los de Honduras y Argentina, con el 17% y 16%. El aumento más pronunciado fuera de Latinoamérica es el de Italia, con una subida próxima al 11%. En cualquier caso, los dos países de origen con más trabajadores afiliados en territorio patrio continúan siendo Rumania y Marruecos, con más de 300.000 personas por las 174.000 que ha alcanzado Colombia.

“La composición de la mano de obra foránea no solo responde a tópicos. Se ha diversificado la entrada de trabajadores por nivel educativo. Aunque mayoritariamente el nivel es inferior al de los españoles, esto ya no es así para los europeos y empieza a cambiar para los latinoamericanos con la llegada de venezolanos, argentinos y colombianos, que tienen un bagaje educativo mejor que el de ecuatorianos y bolivianos” protagonistas de anteriores flujos migratorios, sostiene Raymond Torres. En opinión del portavoz de Adecco, con el cambio en la estructura de las ocupaciones, los rumanos están relevando a muchos latinos en la hostelería, por ejemplo.

Sobrecualificación

“Se tiende a pensar que los inmigrantes son analfabetos, pero no lo son. Y un número muy alto está sobrecualificado como ocurre con los españoles”, apoya Rosa Aparicio, investigadora de la Fundación Ortega Marañón, que critica que se sigue tardando mucho tiempo en convalidar los estudios y eso es traumático para ellos. Tetiana Kravets, ucraniana de 28 años que trabaja como recepcionista en un hotel Meliá de Magaluf (Mallorca) con sus cinco idiomas y una titulación de Administración y Dirección de Empresas porque no encuentra un empleo relacionado con sus estudios como le gustaría, es una clara muestra.

Los inmigrantes suelen recalar mayoritariamente en trabajos del sector servicios (79% de los afiliados), fundamentalmente en restauración, hoteles, comercio, cuidados del hogar… con lo que las vacantes no se ocupan de forma selectiva, aprecia Miguel Cardoso, sino con la mano de obra que llega del exterior, por lo que los déficits de personal cualificado, como pueda ser el de la industria con solo un 9% de extranjeros afiliados, se quedan sin cubrir. La mayoría de los inmigrantes desempeñan trabajos que los españoles suelen despreciar, según María Miyar, como actualmente sucede con la construcción (con un 11% de afiliados foráneos). “Se aprecia un cambio sectorial significativo: que la fuerza laboral de la construcción crece solo por los extranjeros”, prosigue Torres. Y es que, según Alexander Espada, “aguantamos más por necesidad”.

Y no solo eso, entre las personas nacidas fuera de España las áreas laborales que más crecimiento experimentan son información y comunicaciones (que sube tanto como la hostelería, un 12%), consultoría, actividades científicas, finanzas, actividades sanitarias… (que crecen un 11%, como la construcción); empleos de mayor cualificación y mayor valor añadido que no eran tan frecuentes hasta ahora, destaca el responsable de BBVA Research, que se queja de no tener los suficientes datos como para cuantificar el impacto que están teniendo estos empleos de mayor calidad en el colectivo ni cómo están influyendo en la productividad española.

Además, apostilla el director de Coyuntura de Funcas, toman impulso las ocupaciones de nivel técnico superior: los directivos ganan relevancia, sobre todo entre europeos y latinoamericanos. De hecho, según la firma de recursos humanos Synergie, el 40% de las empresas españolas busca estos perfiles en el extranjero. Oisin O’Keefee, desarrollador informático irlandés de 39 años, es el responsable de la oficina que la firma tecnológica Globant acaba de abrir en Logroño con un equipo que ha pasado de 12 a 50 profesionales y que quiere llegar a 200 en 2025. Con una carrera profesional desarrollada en Estados Unidos, Canadá, Australia y Japón, este profesional que pensaba que Logroño iba a ser un paso atrás en su carrera, ahora está encantado con su responsabilidad y no se sorprende cuando recibe solicitudes de extranjeros para trabajar allí: la calidad de vida es un gran aliciente.

Cada vez hay más movilidad internacional porque no se encuentra talento en España, subraya Inmaculada Muñoz, socia de la consultora BDO, cuyos clientes reclaman más contrataciones de personal europeo por su facilidad para traerlo a España y de profesionales extracomunitarios altamente cualificados, una figura que la ley de Emprendedores ha facilitado, agilizando los plazos de la Ley de Extranjería. “Las compañías todavía tienen en mente que mover a la gente de un país a otro es muy complicado, pero cuando prueban el nuevo sistema, que ofrece respuesta en 20 días en lugar de en cinco meses, trasladan a sus profesionales de forma recurrente”, prosigue.

Para el responsable de Migraciones del sindicato CC OO, José Antonio Moreno, los resultados de este sistema son testimoniales porque el modelo de atracción de talento de alta cualificación ha fracasado tanto en España y como en el conjunto de Europa y por eso actualmente se está intentando su rediseño en Bruselas. No ocurre así con otra figura que el Gobierno ha introducido más recientemente: el arraigo por formación, que permite conseguir un permiso de residencia por 12 meses a migrantes que lleven 2 años en España y quieran formarse. En vigor desde mediados de 2022, ha dado mejores resultados, mantiene Moreno: en 2023 había 22.144 personas más con autorización de arraigo por formación (crecimiento interanual del 2.324% sobre 2022), según el Ministerio de Inclusión.

Aunque se esté produciendo una apertura a puestos de trabajo que no eran habituales entre los extranjeros y también cierta movilidad social entre los que ya estaban en España, que mejoran su nivel de empleo, conforme a Rosa Aparicio, el paro de este colectivo, que también se está reduciendo, sigue siendo un problema y supera al de los españoles, destaca. María Miyar dice que los extranjeros no se incorporan al mercado laboral en condiciones de igualdad y cree que hay que ordenar la inmigración y desplegar herramientas desde el origen dirigidas a los sectores con escasez de mano de obra.

Bajos sueldos y vivienda cara

Para Raymond Torres, el punto débil lo tenemos en los salarios, de media más bajos que los de los nacionales como consecuencia de trabajar mayoritariamente en sectores peor pagados. Y en los precios de la vivienda que complican el acceso de muchos inmigrantes, sobre todo en Baleares y otras zonas de playa, señala Miguel Cardoso, amén de en las grandes ciudades. “En Madrid los alquileres son muy altos y los costos de la vida no están en consonancia con los sueldos. No es una ciudad para ahorrar, se vive bien con el sueldo y llegas a fin de mes con lo justo”, señala la ecuatoriana Verónica de Guzmán.

Este año la población activa no va a crecer tanto como en 2023, según el director de Coyuntura de Funcas, que habla de una tasa del 1,2% frente al 2,1% del año pasado y motivado fundamentalmente por la población extranjera, porque la española apenas sube. Los inmigrantes seguirán optando por nuestro país debido al mayor crecimiento económico que se espera respecto al resto de vecinos europeos. “Seguiremos teniendo vacantes”, apoya Blasco, que opina que alcanzaremos un crecimiento del empleo de la población extranjera inferior al de 2023, cercano al 10%.

“En España residen seis o siete millones de extranjeros, el 90% de ellos con más de cinco años de residencia legal: tenemos un sistema migratorio estable y eficaz, un modelo de éxito que ha evitado discursos racistas y xenófobos, como en otros países”, resume el representante de CC OO, pendiente de la reforma del reglamento de la Ley de Extranjería.

La francesa Suvethigaa Shanthirabalan en su trabajo en Madrid.Pablo Monge

Suvethigaa Shanthirabalan, Francia, 30 años: “Me atrajo el idioma y el buen tiempo”

Suvethigaa Shanthirabalan, bioingeniera nacida en Francia hace 30 años de padres procedentes de Sri Lanka, tenía el sueño de trabajar en otro país. Hace ahora un año que lo hizo realidad. Preguntó en Sopra Steria Francia, donde trabajaba como arquitecta de sistemas informáticos, con qué oportunidades contaba para lograrlo. Le ofrecieron mudarse al Reino Unido, Rumania, la India y España. Y ganó la Península Ibérica porque “hablaba un poco de español y me apetece aprender idiomas. Además, está muy cerca de Francia y el buen tiempo me gusta mucho”, cuenta.

Ahora trabaja para Airbus dentro de Sopra Steria en Madrid, en informática aeronáutica, y lo que iban a ser tres meses se han convertido en doce. De momento, porque su intención sigue siendo quedarse, aunque no sabe por cuánto tiempo. Y eso pese a reconocer que en España tiene la desventaja de contar con “menos salario y menos días de vacaciones que en Francia”. Sin embargo, entre los puntos a favor aprecia el mayor equilibrio entre la vida personal y laboral: “Cuando salgo de trabajar aquí puedo hacer otras cosas. Cierra todo más tarde que en París”. También que la gente es más amable, dice. Le gusta España y quiere seguir descubriendo su cultura. Eso sí, creía que los alquileres de las viviendas iban a ser más baratos, tal y como le habían comentado antes de llegar.

El colombiano Jairo Zamora reside en Logroño.

Jairo Zamora Daza, Colombia, 46 años: “Hemos logrado independizarnos gracias al empleo”

La pandemia cambió la vida de Jairo Zamora, colombiano de 46 años, que se quedó sin trabajo como técnico de equipos biomédicos en Cali y tuvo que irse a vivir al campo hasta que los grupos guerrilleros se lo hicieron imposible y decidió emigrar junto a su mujer y su hijo. Hace dos años que llegó a España y por fin puede sonreír. Desde hace seis meses tiene trabajo en una empresa de ventanas en Logroño, adonde se fue a vivir. “Empezamos desde cero pues dejamos todo allá. Salvo lo que pudimos traer en tres maletas de 10 kilos”. A Zamora le ha costado levantar la cabeza. Ha trabajado irregularmente en lo que ha podido, “pero aquí no se da empleo a la gente sin papeles”, hasta que llegó el permiso de trabajo. “La situación era muy difícil”. Ahora, con su segundo hijo nacido en España y el contrato logrado, ha podido empadronarse y dejar la habitación donde residía para hacer frente a un alquiler. “Hemos logrado independizarnos gracias al empleo, que nos permite comer y vivir dignamente, mucho mejor que antes”, confiesa. Ha solicitado asilo y va a tramitar la nacionalidad: “Lo primero que queremos es regularizar nuestra situación”, dice.

Verónica de Guzmán, creativa publicitaria ecuatoriana.Claudio Álvarez

Verónica de Guzmán, Ecuador, 32 años: “En España mi trabajo tiene mucho más impacto”

Verónica de Guzmán es ecuatoriana, tiene 32 años y desde hace dos meses trabaja en la agencia de publicidad StudioX. Lleva desde 2019 en España, cuando le surgió la oportunidad de trasladarse desde Quito a los cuarteles generales de Cabify en Madrid, donde trabajaba, y la aprovechó. “Siempre quise venir a España a estudiar una especialización creativa de la carrera de Publicidad que cursé en mi país. Como creativa, mis referentes son españoles”, mantiene. Y así lo hizo nada más llegar a la capital española, donde se matriculó mientras trabajaba a media jornada para poder compaginarlo. De Guzmán ya ha dado varios saltos profesionales e incluso se ha casado en Madrid. Tiene doble nacionalidad y su marido está en proceso de conseguirla porque su idea a medio plazo es permanecer en España. “Estoy súpercontenta. Venía por un año y ya llevo cinco”, señala la creativa de StudioX. “Me encanta Madrid por el tema multicultural, algo que no me ofrece mi país; por el equilibrio entre la vida personal y la profesional, que es muy valioso, y por lo fácil que es adaptarse”. Además, destaca que “España es la puerta de entrada de Europa y mi trabajo tiene mucho más impacto, que es lo que me interesa”.

George Ambrose William, en su trabajo en Málaga. Garcia-Santos (El Pais)

George Ambrose William, Nigeria, 27 años: “Mi segunda hija es española y quiero quedarme aquí hasta la muerte”

George Ambrose William llegó en patera a Europa. Después de permanecer en Libia e Italia el tiempo necesario como para evitar algunos de los peligros de la travesía, llegó a España. Nada más hacerlo solicitó asilo. Quería trabajar en Málaga, pero no encontró empleo. Se desplazó a la huerta murciana para trabajar en el campo. Y es la salida que halló. A sus 27 años, este nigeriano está contento. Desde el pasado julio es fijo como carretillero en la firma logística GXO. Reside por fin en Málaga, donde se ha reunido con su hija. “Estoy feliz trabajando en esta empresa porque he podido quedarme con mi familia”, afirma, “y porque es un trabajo relajante, en el que no hay que mover mucho el cuerpo y tienes tiempo para estar con tu familia. Antes, en el campo, trabajaba por la noche y los sábados y domingos”. George estudió banca y finanzas en su país y, aunque asegura que en España “no hay trabajo en este sector para personas negras, como yo”, lo que tiene claro es que aquí existen muchas más oportunidades de futuro que en su lugar de origen. “En mi país no hay oportunidades. Mucha gente sale de la universidad y no tiene trabajo”, sostiene. Aquí reconoce que su falta de español la suple con ganas. “Mi segunda hija es española y quiero quedarme aquí hasta la muerte. Me faltan dos años para tener la nacionalidad”, concluye.

Gabriela Lijó, directora de Landor España, en su despacho.Claudio Álvarez

Gabriela Lijó, Estados Unidos, 46 años: “Vine por el reto de montar y dirigir una empresa”

“Nací y me crie en Nueva Jersey, donde estudié y trabajé en una empresa de marketing francesa hasta que en 2003 tuve la oportunidad de venir a Madrid a abrir oficina de una agencia del grupo WPP que ganó la cuenta global de Telefónica, cuando Telefónica y Movistar se separaron, y estuve aquí hasta 2012″. Así inicia su relato Gabriela Lijó, que en marzo de 2023 fue designada directora ejecutiva de Landor en España, también del grupo WPP, tras un largo periplo profesional que le ha llevado por distintas compañías y países para construir su perfil internacional. De padres españoles y con doble nacionalidad, se considera más americana que española. Habla sin acento estadounidense. “Por eso a veces piensan que soy una flipada cuando digo que soy americana”. Tras España llegó México, donde vivió 9 años, antes de volver a Nueva York, la antesala de su regreso a territorio nacional con su marido y sus cuatro hijos. “Mi vuelta a España es por motivos profesionales. Es la culminación de una trayectoria. Vengo a abrir de nuevo oficina con la consultora de marca más grande a nivel internacional: Landor. El reto es chulísimo y potencia mi perfil internacional”, asegura la ejecutiva, que también ve atractivos desde el punto de vista personal: calidad de vida, bienestar y seguridad. Porque desde luego no ha sido un avance desde el punto de vista salarial, reconoce.

Alexander Espada, boliviano especializado en el sector de la construcción.

Alexander Espada, Bolivia, 42 años: “Todo lo he conseguido gracias a la formación”

La vida de Alexander Espada ha sido muy movida. Estaba estudiando una ingeniería en Bolivia cuando sus padres se separaron y tuvo que emigrar. Primero Alemania, luego Francia y después España. Llegó con formación en instalaciones eléctricas e industriales, pero a este profesional inquieto se le despertó la curiosidad cuando le hablaron de la placa de yeso laminado (conocida como pladur) unos compañeros de la construcción de origen polaco y rumano. Tanto que incluso viajó a Estados Unidos para saber cómo se trabajaba. De vuelta a Madrid empezó a formarse mientras continuaba ganándose el jornal con las reformas yendo de una empresa a otra. Hasta que llegó la covid-19 y le tumbó. “Estuve muy malo: dos años sin trabajar”, recuerda. Pero aprovechó para seguir haciendo cursos a través de la Fundación Laboral de la Construcción, donde los alumnos extranjeros han pasado de representar casi un 21% a un 24,5% entre 2022 y 2023. Así, cuando Alexander se recuperó, sorprendió a sus antiguos jefes con una certificación de nivel 2, que pocos montadores de pladur tenían. “La formación me ayudó muchísimo”, asegura. Saltó de una compañía a otra. Lleva en la última desde febrero: “Es una empresa de reformas para gente rica que necesita un trabajo más fino. Y lo he conseguido por la formación y la experiencia que tengo”, dice. Tiene doble nacionalidad y su raíz, sus hijos, ya están en España.

Marion Piralla, francesa de 27 años que trabaja en Globant.PABLO YUNYAS

Marion Piralla, Francia, 27 años: “Me vine a España porque en mi país me faltaba vida social y sol”

“Llegué a España de Erasmus. Me fui a Zaragoza y me enamoré del país”, dice la francesa Marion Piralla, de 27 años. Tanto que las prácticas laborales de su máster posterior las realizó en empresas españolas. Lo hizo de forma remota desde su residencia de Saint Malo porque entonces la pandemia causaba estragos. Después se mudó a la piel de toro a trabajar con una compañía gala hasta que la llamó la compañía tecnológica Globant para desarrollar el mercado francés desde Madrid. Y ya lleva tres años haciéndolo, ahora a cargo de cinco personas, y no quiere volver. “Me vine porque la gente es menos fría y más accesible”, declara, “y porque en Francia me faltaba vida social y sol. También por las condiciones de trabajo; en una pequeña ciudad no iba a poder tener un puesto como el mío y no estaba dispuesta a trasladarme a París”. A esta profesional que estudió el equivalente a ADE y cuatro idiomas Madrid le encanta. “Es muy cosmopolita”, señala. Por eso se ha conformado con perder ingresos con la mudanza: “A mí me compensa. En Francia hay muchos más beneficios salariales. Pero todo es mucho más caro y, si quieres salir como yo, te cuesta un 30% más”, zanja.

La bielorrusa Olga Akulich en las oficinas de Indiba en Sant Cugat del Vallés (Barcelona).Gianluca Battista

Olga Akulich, Bielorrusia, 47 años: “Una oportunidad laboral me ha traído a Barcelona”

Desde el pasado mes de septiembre vive en España. Olga Akulich se ha trasladado a Barcelona por motivos profesionales. Indiba le ha ofrecido el puesto de gerente de ventas internacionales de sus equipos médicos y estéticos para Europa del Este, con 15 países a su cargo, explica esta bielorrusa de 47 años, que antes era la distribuidora de los productos de esta empresa de medicina estética y rehabilitación en su lugar de origen. Directora general de la empresa, precisa la responsable de recursos humanos de la firma española, Nieves Arias. “Me gusta este país porque hay más calidad de vida que en el mío, más estabilidad política; y también por el buen tiempo y por la gente, que es muy amable”, dice. Akulich se ha beneficiado de la rapidez de la burocracia que ha introducido la Ley de Emprendedores para los profesionales extracomunitarios altamente cualificados: en apenas cuatro meses ha tenido en su poder el permiso de residencia. Y gana más dinero que en Bielorrusia. Ahora quiere quedarse en España y traer a su madre al país. Esta maestra de formación que lleva toda su vida profesional en el sector médico cree que la “migración puede impulsar diferentes industrias en España atrayendo a los especialistas adecuados. Veo un gran potencial para tener un impacto positivo en la economía y el país en general”.

Blanca Rosa Aceituno, en su trabajo de camarera en el Hotel Meliá Castilla. Álvaro García

Blanca Rosa Aceituno, Honduras, 53 años: “Tengo un empleo en hostelería maravilloso”

Esta hondureña de nacimiento es tan española como la que más. Cuando llegó, en los años 90, estudió secretariado y tuvo a sus dos hijos en España. Después de cuidarlos empezó a trabajar en la hostelería. Ha tenido trabajos indefinidos, pero ahora, a sus 53 años, es fija discontinua y actualmente se desempeña como camarera en el hotel Meliá Castilla. “Trabajo en hoteles buenos, con empleos estables y bien pagados. Además, al estar en una ETT, Adecco, puedo elegir los horarios y las fechas para trabajar”, declara. “La jornada partida me mata. No tienes tiempo para hacer nada. La hacía antes en un restaurante y ya no me interesa”, admite. Blanca Rosa Aceituno repite una y otra vez que le encanta su trabajo. Y no comparte aquello de que los españoles dejen a los inmigrantes o a las personas nacidas en otros países los peores trabajos del mercado: “No considero que nos dejen los peores empleos, el mío es maravilloso. Me siento cómoda, me encanta el trato con el público y qué mejor sitio que la hostelería”. “Pago una hipoteca baja, nuestros gastos son pocos y los ingresos de mi marido y míos están bien”, sostiene. Con piso en propiedad y una baja hipoteca a la que hacer frente, sus dos hijos mayores, Aceituno asegura que sabe lo que quiere y que es muy trabajadora y ahorradora. Y solo tiene cosas buenas que decir respecto al empleo.

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