lunes, mayo 27

El autoconsumo echa el freno: las nuevas instalaciones caen un 32% tras el récord de 2022 | Economía

Tras varios años de fuerte crecimiento, espoleado por la crisis de precios de la electricidad y las ayudas públicas, el auge del autoconsumo parece haber tocado techo en España. En 2023, hogares y empresas sumaron 1.706 megavatios (MW) de nueva potencia instalada en tejados y cubiertas, según las cifras oficiales de la Unión Española Fotovoltaica (UNEF) que adelanta este miércoles EL PAÍS. Es un 32% menos que un año antes, cuando se añadieron 2.507 MW, pero también un 42% más que en 2021.

España cerró el ejercicio pasado con casi 7.000 MW de potencia instalada en tejados y cubiertas, casi el quíntuple que cuatro años atrás y una cantidad suficiente para abastecer a centenares de miles de hogares en las horas centrales del día. Los técnicos de UNEF calculan que solo en 2023 se sumaron al autoconsumo más de 84.500 familias, a razón de 4,4 kilovatios por instalación (KW).

Por segmentos, el tono es mucho mejor en la industria que en el comercial y, sobre todo, que en el residencial. Las manufacturas —generalmente con instalaciones de más de 50 KW de potencia, que ofrecen ahorros muy considerables en ámbitos altamente electrificados— sumaron 1.020 MW en 2023, solo un 13% menos que un año antes. En el sector terciario, que suele moverse entre los 10 y los 50 KW por instalación, la caída fue notablemente mayor: del 42%, al pasar de algo más de 500 MW en 2022 a 291 MW el año pasado. El batacazo, sin embargo, fue aún mayor en el residencial: tras un 2022 frenético, en 2023 la potencia agregada rondó los 372 MW, un notable 54% menos.

La patronal fotovoltaica achaca el menor ritmo de instalación a tres factores: el agotamiento de las subvenciones con cargo a los fondos europeos —aunque la adenda del plan de recuperación ha añadido 500 millones más que muchas comunidades aún han repartido entre los solicitantes—, la crecida inflacionaria —con la consiguiente merma en la capacidad de ahorro de las familias— y la menor percepción de precios altos de la energía. Este último ingrediente es fundamental: tras superar los 110 euros por megavatio hora (MWh) en 2021 y —atención— los 167 euros en 2022, el año pasado la electricidad promedió 87 euros en el mercado mayorista, del que antes o después beben todas las tarifas domésticas y empresariales. Para los próximos años, los futuros apuntan a unos precios aún menores, sobre todo en las horas solares.

El sector venía, además, de dos años de fuerte tirón: tanto en 2021 como, sobre todo, en 2022, el ritmo de instalación tuvo dos potentes vientos de cola en el encarecimiento de la energía por la invasión rusa de Ucrania y los fondos puestos encima de la mesa por Bruselas para acelerar la recuperación poscovid. A finales de septiembre, la patronal fotovoltaica ya deslizó en un encuentro con medios que el ritmo de nuevas instalaciones en tejados apuntaba a una “desaceleración” y que la “sensación” que transmitían los instaladores era “de una caída importante”.

“Los datos de 2023 avalan la necesidad de adecuar el autoconsumo doméstico a la realidad del modelo urbano de nuestro país”, apunta el director general de UNEF, José Donoso. “Para que podamos alcanzar los objetivos del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima [PNIEC] es fundamental desbloquear el autoconsumo colectivo y, para ello, comercializadoras, distribuidoras e instituciones públicas deben de estar alineadas para ofrecerle a la ciudadanía una alternativa realista y eficiente al modelo energético actual”. El verano pasado, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ya abrió una investigación a las filiales de distribución de varias grandes eléctricas por supuestas trabas al autoconsumo en bloques de viviendas.

“El autoconsumo sigue siendo rentable tanto para las empresas como para las familias, además de aportar seguridad y estabilidad económica ante posibles crisis geopolíticas”, subraya Donoso. “Sin embargo, ante los ambiciosos objetivos de descarbonización que tenemos que afrontar en los próximos años, necesitamos nuevas formas de impulso económico que sean más eficientes, como desgravaciones fiscales, siguiendo el ejemplo de otros países como Alemania y el Reino Unido, que ya aplican un IVA del 0% a estos proyectos, reducir los retrasos en la gestión administrativa de los proyectos y la homogeneización de los 2.000 metros entre generación y consumo en todas las instalaciones de autoconsumo”.

A pesar al frenazo, el autoconsumo sigue creciendo ejercicio tras ejercicio. Los más de 1.700 MW añadidos este año habrían sido poco menos que una quimera hace solo unos años: en 2020, por poner un ejemplo cercano, se agregaron menos de 600 MW. “Pese a la ralentización en la tasa de crecimiento, España avanza a buena velocidad en el cumplimiento de los objetivos marcados en el nuevo borrador del PNIEC, revisados al alza en 2023, con el objetivo de acelerar la transición energética de nuestro país en un tiempo récord”, valoran los técnicos de la patronal fotovoltaica. A falta de datos oficiales, sus cifras —basadas en los datos individuales de los instaladores— son las más certeras y las que toma como referencia todo el sector.

Esta progresiva proliferación de placas solares —en fábricas; en naves; en centros comerciales; en viviendas unifamiliares y, en mucha menor medida, en bloques de pisos— está teniendo un impacto positivo en lo colectivo. No solo porque reduce sustancialmente las emisiones de gases de efecto invernadero y la demanda eléctrica en las horas de sol —en las que, según los cálculos de varios especialistas consultados por este diario la pasada primavera, la caída está entre un 8% y un 10%—, sino porque los autoconsumidores también están volcando a la red un volumen nada despreciable de excedentes que están pudiendo utilizar otras empresas u hogares. Un beneficio, por tanto, para todas las partes implicadas; también para aquellos que no tienen placas en su tejado.

El precio de los paneles solares cayó un 50% el año pasado, según los datos publicados la semana pasada por la Agencia Internacional de la Energía (AIE), dependiente de la OCDE. Sin embargo, en las instalaciones domésticas el coste de la mano de obra suele tener un peso mayor en la factura final que el del material.

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